Divina Misericordia Santa Faustina La Devoción al Mensaje Prácticas de devoción Juan Pablo II
martes, 12 de julio de 2011
La Esencia del Culto de la Divina Misericordia
La Confianza: caracteriza nuestra actitud hacia Dios y expresa no sólo la esperanza, sino también fe viva, humildad, perseverancia y arrepentimiento por las culpas cometidas. Se trata, pues, de una actitud filial, por la que el hombre, en cada situación, confía sin reservas en el amor misericordioso y en la omnipotencia del Padre celestial. La confianza es un elemento esencial a la Divina Misericordia, ya la sola actitud de confianza asegura las gracias de la misericordia de Dios "Deseo conceder gracias inimaginables a las almas – decía el Señor – que confían en mi Misericordia" (263) La confianza no sólo constituye la esencia, es el fundamento del culto de la Divina Misericordia; es una condición para poder recibir las gracias. ""as gracias de mi Misericordia, se alcanza con solo un recipiente y éste es la confianza. Cuánta más confianza tiene un alma, más obtiene" (519)
Misericordia: caracteriza nuestra actitud hacia cada hombre. Jesucristo ha dicho a la Beata Faustina: "Te exijo actos de misericordia, que deben derivar del amor hacia Mí. Siempre y en todas partes debes demostrar misericordia hacia el prójimo: no puedes eximirte de esto, ni retirarte ni justificarte" "Te propongo tres modos para demostrar misericordia hacia el prójimo: el primero es la acción, el segundo es la palabra, el tercero es la oración. En estos tres grados está encerrada la plenitud de la misericordia y es una prueba irrefutable del amor hacía Mí. De este modo el alma exalta y da culto a mi Misericordia" (277-278) Los actos de caridad hacia el prójimo constituyen una condición necesaria para recibir las gracias. Jesucristo desea que sus fieles lleven a cabo cada día por lo menos un acto de misericordia
La imagen de Jesús Misericordioso: El cuadro de Cristo Misericordioso es representación iconográfica de la visión que tuvo la Beata Faustina Kowalska, el 22 de febrero de 1931, en la que Cristo le ordena de ser pintado así como se revela.
"Esa tarde, estando en mi celda – narra la mística – vi al Señor Jesús con una vestidura blanca: tenía una mano alzada en actitud de bendecir, y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De allí, por la abertura, dejaba salir dos grandes rayos, uno encarnado y otro blanco. Poco después, Jesús me dijo: "Pinta una imagen según el modelo que ves, y escribe debajo: ¡Jesús, confío en Ti!"" (26)
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